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El Poblado de San
Pedro: La presencia española
San Pedro de Atacama es un pequeño
pueblo construido en adobe por los primeros españoles
llegados a la región, pocos después del 1550,
guardando su arquitectura y organización espacial típicos
desde entonces, todo construido en adobe. El damero con sus
trazados paralelos y con una plaza central cuadrada, frente
al Cabildo, es la construcción típica española
desde donde se ejerce la autoridad civil, conservando sus
típicos arcos institucionales, los que fueron recientemente
reconstruidos a partir de los dibujos de la época.
A un costado de la plaza se ubica la antigua iglesia centenaria
de gruesos muros de barro con cielo de madera de cactus cubierto
por barro. Es el corazón del oasis bañado por
las aguas de los ríos San Pedro y Vilama, que bajan
desde los faldeos de la Cordillera de los Andes, a no más
de 40 Km de distancia, horadando profundas quebradas.
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Riqueza Arqueológica
La arqueología sin duda es una fuente
importante para conocer la antigua dimensión de este
oasis de Atacama, desde cuando comenzó a ser ocupado
por el hombre. El Padre Gustavo Le Paige fue quien en el año
1958 identificó los primeros restos de la Aldea de
Tulor, situada a 6 kilómetros al sur de San Pedro de
Atacama, investigación que fue ampliada por la arqueóloga
Ana María Barón en 1980. Uno de los rasgos más
característicos de la aldea es la construcción
circular de las habitaciones confeccionadas como iglúes
de barro (arcilla y arena).
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El clima en Atacama
Entre las latitudes 18º Sur a 27 º
Sur se extiende en Chile el dominio de comunidades desérticas.
El clima se caracteriza por condiciones de gran significado
biológico: elevada temperatura diurna (hasta 45ºC),
amplia diferencia entre la temperatura y nocturna (hasta 50ºC),
cuyos valores descienden hasta –10ºC en función
de la altura (1000m.). La precipitación mínima
restringida al piedemonte andino, se traduce en la existencia
de escasos cursos de agua que, en su mayoría, no alcanzan
a llegar a la meseta central de la pampa, ni a desembocar
en el mar.
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La Flora: Cáctus y árboles
nativos
San Pedro está a una altura de 2.400
ms, ubicado al Norte del gran Salar de Atacama, hoy día
casi seco pero que hace algunos miles de años, quizás
no más de 10.000, era un gran lago que abarcaba 100
km de norte a Sur y 60 km promedio de Este a Oeste. Su vegetación
está compuesta de árboles bastante grandes,
alcanzando algunos 30 metros de altura, tales como el pimiento
(Schinus molle), los chañares (Gourlia decorticans)
y el Algarrobo (Prosopis chilensis) también en vías
de extinción. La alfalfa, como planta forrajera, fue
introducida por los españoles y domina ampliamente
los campos de cultivo junto al maíz (Zea maiz), la
planta típica del paisaje agrícola andino milenario.
Los arbustos de Atriplex, Cachiyuyo de nombre indígena,
así como la Brea, dominan entre las plantas que crecen
entre la arena y a orillas de los ríos, siendo usados
para leña y construcción de techos respectivamente.
Existe también una importante variedad de arbustos
utilizados como plantas medicinales y una especie de cactácea
pequeña en forma de cojín, con frutos pequeños
parecidos a las tunas.
Entre los 1.600 y 2.500 metros de altura, aparece una franja
verde a raíz de la mayores precipitaciones. Se trata
de dos de los cáctus más característicos
de la zona: Cereus candelaris y Cereus atacamensis, ambos
en proceso de extinción.
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Fauna: Camélidos y aves
Antiguamente, los camélidos fueron
el único animal importante en la ganadería atacameña,
pero hoy día sólo es posible observar algunas
Llamas (Lama lama) en los pequeños pueblos del interior
de la región y la Vicuña (Lama vicugna) en forma
silvestre a los 4.000 metros de altura. No existen prácticamente
ni las Alpacas domésticas ni los Guanácos silvestres
en la región de San Pedro de Atacama. Como animales
domésticos, el cordero, traído por los españoles,
domina completamente la ganadería local, muy por encima
del ganado vacuno y la cabra.
En cuanto a las aves, sin duda la más
interesante y que todos quieren ver, es el Flamenco rosado
que habita en las lagunas altiplánicas, quedando algunos
todavías presentes en el gran salar de Atacama.. En
los oasis también es posible ver a la lechuza cavadora
(Speotyto cunilaria) o al Pequén, entre otras aves
como el picaflor enano (Myrtis yarelli) y el Tanagrio Thraupis,
ambos inmigrantes de regiones tropicales.
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La presencia de los Volcanes
Al llegar al aeropuerto El Loa en la
ciudad de Calama distante 100 km hacia el Oeste de San Pedro,
debemos dirigirnos hacia el Este y subir la Cordillera de
Domeyko, alcanzando los 3.400 metros de altura, los que en
verdad no se sienten pues, el impresionante desierto, las
montañas que se acercan, el color del cielo y la sequedad
del aire, ya son suficientes para distraer la atención
de cualquier visitante.
Descender desde la Cordillera de Domeyko, atravesando la Cordillera
de la Sal para llegar finalmente al oasis de Atacama, coronado
por los maravillosos volcanes de los Andes, es sin duda una
experiencia inolvidable que muestra uno de los lugares más
extremos del planeta, ya sea por su extrema sequedad, como
también por lo aislado que aún todavía
puede ser este territorio en la tierra. Estos dos cordones
montañosos dan forma a hermosas expresiones de arcilla,
mica y sal, entre otros elementos menos evidentes. El Valle
de la Luna, El Valle de los Dinosaurios, El Valle de la Muerte,
son algunos de sus principales atractivos.
Hacia el Este, la imponente Cordillera de Los Andes alcanza
alturas de 6.000 metros y un poco más, siendo una de
las zonas de Chile de mayor concentración de volcanes,
los que adornan este paisaje con una majestuosidad inigualable,
generados alrededor de los últimos 20 millones de años,
en el período Neógeno (24,6 a 2 millones de
años).
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Los cielos
limpios de Atacama
En el momento de llegada a San Pedro de Atacama,
aparece la vista de este hermoso oasis, verde en medio de
todos los tonos cafés y dorados de la tierra, enmarcado
por un azul profundo del cielo que, al anochecer, deja ver
nítidamente la Vía Láctea, nuestra Galaxia
en donde destaca la Cruz del Sur. La calidad del aire y su
visibilidad lo han elegido como el cielo más claro
y ransparente del planeta, lo que implicó que se construyera
en la región el observatorio radioastronómico
más grande del planeta, ALMA, a 45 Km de distancia
hacia la cordillera, a 5.200 metros de altitud en la altiplanicie
de Chajnantor.
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